La
mayor parte de la producción de chirimoya se destina
a consumo en fresco, y para ello es necesario su correcta
maduración, que suele conseguirse a los 5-6 días
de ser cosechada, siempre que se mantenga a temperatura
ambiente, pero puede madurar antes si se envuelve en papel
o se deposita en lugar cálido. La chirimoya es una
fruta frágil y sensible al frío. Nunca debe
guardarse en el frigorífico. Debe consumirse cuando
ceda a la presión de los dedos.
La
chirimoya es muy pobre en grasa, pero tiene un alto contenido
en sales minerales e hidratos de carbono, siendo considerable
su contenido en vitaminas hidrosolubles.
En
la tabla 5 se indica la composición media de 100
gramos de pulpa de chirimoya (De la Rocha, G. 1976).
La
pulpa es carnosa, de color blanco, muy aromática
y azucarada, de sabor subácido.
En
algunos países, en menor medida, se preparan helados
y mermeladas (Gardiazábal y Rosenberg, 1986).
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