La
Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria examina
los ácidos grasos trans.
A fin de aclarar los efectos de los ácidos
grasos trans (AGT o grasas trans) en la
salud de las personas, la Comisión Europea
pidió asesoramiento científico a la
Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (AESA).
El informe de la AESA se publicó en agosto
de 2004 (1).
¿Qué
son las grasas trans?
Los
ácidos grasos insaturados son moléculas
de ácidos grasos que contienen al menos un
doble enlace. Según la estructura que tengan
los dobles enlaces dentro de la molécula, pueden
clasificarse como cis (forma curva) o
trans (forma recta). La mayoría
de las grasas insaturadas de la dieta presentan la
forma cis, mientras que una pequeña
proporción tienen la forma trans.
Las principales fuentes de AGT presentes en los alimentos
son tres:
- la
transformación bacteriana de los ácidos
grasos insaturados en el rumen de los animales rumiantes
como las vacas y las ovejas (que pasan ulteriormente
a la grasa, la carne y la leche del rumiante);
- el
proceso de hidrogenación industrial o solidificación
de aceites para su uso en pastas para untar y grasas
para pastelería;
- el
calentamiento y la cocción de aceites a altas
temperaturas.
Los
AGT están presentes en la grasa de vacuno y
ovino, y en los productos derivados de la carne y
la leche de estos animales, en algunas pastas para
untar y productos de panadería y pastelería,
como galletas saladas, tartas, bizcochos y galletas,
así como en alimentos fritos.
Consumo
actual
En
la UE el consumo de AGT es muy variable. En 1995-96
se calculó que la media estaba entre 1,2-6,7
g/día en hombres y 1,7-4,1 g/día en
mujeres; el consumo más bajo de AGT se registraba
en los países mediterráneos. Sin embargo,
datos de encuestas alimentarias más recientes
indican que el consumo de AGT ha seguido descendiendo
de manera continua en muchos países de la UE
gracias al aumento del consumo de productos lácteos
desnatados y a la reformulación de las pastas
para untar y las grasas para cocinar a fin de reducir
sus contenidos en AGT.
Enfermedades
del corazón
Datos
provenientes de numerosos estudios realizados en seres
humanos indican que los AGT, al igual que los ácidos
grasos saturados, aumentan los niveles del colesterol
LDL (o malo) en la sangre, lo que contribuye a aumentar
el riesgo de padecer enfermedades coronarias. Sin
embargo, a diferencia de las grasas saturadas, los
AGT también provocan una caída del colesterol
HDL (o bueno) y aumentan los niveles de triglicéridos
en la sangre, ambos fenómenos asociados a un
aumento del riesgo de sufrir enfermedades del corazón.
Además, los regímenes alimentarios que
contienen AGT causan el ascenso de los niveles de
triacilglicerol en ayunas, hecho que en estudios epidemiológicos
esta positivamente asociado con el riesgo de enfermedades
cardiovasculares.
Por
lo tanto, a niveles equivalentes (por gramo), los
AGT aumentarían el riesgo de enfermedades cardiacas
en mayor grado que los ácidos grasos saturados.
Sin embargo, el consumo de AGT en Europa es 10 veces
menor al de grasas saturadas. De hecho, el profesor
Albert Flynn, Presidente del grupo científico
de la AESA, señaló que
habida
cuenta de los niveles de ingesta actuales de AGT,
su capacidad de aumentar de manera significativa los
riesgos de enfermedades cardiovasculares es mucho
menor que la de los ácidos grasos saturados,
que se consumen actualmente en exceso con respecto
a las necesidades nutricionales en numerosos países
europeos .
Otros
riesgos para la salud
En
cuanto a otras consecuencias para la salud, el grupo
científico de la AESA concluyó que los
estudios no revelaban ninguna prueba válida
acerca de los efectos de los AGT sobre la presión
sanguínea o sobre la sensibilidad a la insulina
asociada con la diabetes. Las pruebas epidemiológicas
sobre la posible relación entre el consumo
de AGT y el cáncer, la diabetes de tipo II
o las alergias tampoco son sólidas ni fiables.
No se han establecido relaciones de causa-efecto entre
los supuestos perjuicios de los AGT y el desarrollo
fetal e infantil, aunque es preciso profundizar en
la investigación en este campo.
AGT
animales frente a AGT industriales
Aunque
las grasas animales y las grasas solidificadas de
forma industrial contienen tipos similares de AGT,
las cantidades de cada tipo varían mucho de
unas a otras. En la mayoría de los estudios
de intervención realizados hasta ahora en seres
humanos, se han utilizado AGT procedentes de aceites
vegetales hidrogenados. Por esta razón, la
AESA señala que no es posible, a la hora actual,
determinar si los AGT tienen efectos diferentes para
la salud según cual sea su origen. Actualmente
tampoco existe ningún método de análisis
que pueda aplicarse a una amplia gama de productos
para distinguir los AGT presentes en alimentos, como
productos lácteos y grasa de vacuno, de los
que se forman durante la preparación de aceites
hidrogenados.
Mantener
niveles bajos
El
informe de la AESA hace hincapié en que los
AGT aumentan el riesgo de enfermedades cardíacas,
por lo que su consumo, sea cual sea su origen, debe
mantenerse bajo. La eliminación o reducción
de las grasas trans de diversos productos debería
seguir practicándose y, siempre que fuese posible,
deberían sustituirse por grasas insaturadas
cis en vez de por grasas saturadas.
Referencia
Autoridad
Europea de Seguridad Alimentaria (2004). Opinion of
the Scientific Panel on Dietetic Products, Nutrition
and Allergies on Trans fatty acids in foods and the
effect on human health of the consumption of trans
fatty acids. www.efsa.eu.int
|