El
chirimoyo debe recolectarse cuando alcanza la madurez comercial,
o sea, cuando muestra un cambio en la coloración
de la piel (envero), adquiriendo un tono más claro.
De esta forma, aunque el fruto se recolecte duro, será
capaz de evolucionar hasta el ablandamiento, y por tanto
hasta la madurez de consumo.
Otra
característica utilizada como índice de madurez,
propia de cada cultivar, es el aspecto de la placa o areola,
más extendida cuando el fruto alcanza la madurez
comercial. Esta observación es más subjetiva,
solamente utilizada por agricultores experimentados.
Teniendo
en cuenta el largo periodo de floración, toda la
fruta no alcanza el nivel de madurez adecuado para la cosecha
en un mismo momento, por lo que la recolección deberá
realizarse en varias pasadas.
La
recolección se realiza de forma manual, aunque algunos
autores recomiendan el uso de tijeras para evitar desgarros
y conservar parte del pedúnculo del fruto. En casos
de ramas de difícil acceso se usa una pértiga
(caña) con una especie de cesto redondo (jaula) en
el extremo, abierto en dos mitades, con una cuchilla en
el borde que se acciona con una cuerda desde el suelo, produciendo
el efecto de un bocado.
Es
recomendable cosechar temprano en la mañana, cuando
el fruto tiene temperaturas relativamente bajas, manteniendo
a la sombra la fruta conforme se recolecta. No se recolectarán
frutos mojados.
El
chirimoyo es muy sensible a daños mecánicos
una vez cosechado, por lo que conviene depositarlo en envases
forrados ó con alvéolos que lo protejan de
golpes y roces. Posteriormente la fruta se transportará
hasta el almacén el mismo día de su recogida
para ser preenfriada, procesada y almacenada a temperatura
adecuada.
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